Finalmente España ha sacado adelante el partido, frente a un adversario muy duro: la condición física. Esta noche en el Filipo II hemos visto la gran importancia que tiene la forma de los futbolistas en su rendimiento. Y, sinceramente, todos pensábamos a priori que el encuentro sería de trámite, sin muchas dificultades. Perfecto para que los jugadores cojan un poco de rodaje, y no cansarse demasiado; pero la selección tuvo que esforzarse en la segunda parte.
El mediocentro español totalmente apagado durante el partido, con un Xavi demasiado cansado para presionar y ofuscado para organizar. Xabi Alonso sin poder quitar el trabajo suficiente a la pareja de centrales, que por otra parte, estuvo continuamente demasiado lenta para tirar el fuera de juego. Los dos goles del macedonio Pandev -que nos hizo recordar al triplete del irlandés Healy; sí, cuando España estaba "acabada"-, vinieron precisamente de esos fallos defensivos.
El "niño" no tenía espacio suficiente donde tirar sus desmarques o para realizar una carrera endiablada, algo que viene siendo demasiado habitual en las actuaciones de Torres con la roja. Anotó el primer gol de España y apenas podríamos destacar algo más. Villa tiene un olfato goleado increíble, y pese a que le faltaba chispa, sus llegadas eran las más peligrosas (un gran tiro suyo al palo pudo recortar distancia en la primera mitad).
La segunda parte fue una historia totalmente diferente, salvo porque los contraataques de los macedonios continuaban siendo igual de peligrosos que al comienzo. Sin embargo, el desgaste de los primeros 45 minutos se dejó notar, y el 4-5-1 hizo su función: mayor presencia en el mediocampo y más peligro por las bandas. Si no tuvieramos dos delanteros tan buenos, todo el mundo lo aceptaría por bueno, pero quizás resulte más efectivo con los contrarios más cansados, de plan B.
De especial importancia fue Riera, que hizo el tercero (tras el segundo de Piqué, que aprovechó un rechace). Sin duda, durante la dedicatoria y el zapatazo el del Liverpool estaba pensando en su amigo Dani Jarque. La fuerza que imprimió en las dos acciones querían llegar al cielo, quería plantar batalla a la injusta vida.

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